Que la crisis esta incidiendo de lleno en las empresas y en la reducción del crédito es innegable. Que las tragedias económicas arrastran cada día a más familias es una realidad. El modelo económico es obsoleto y parece ser que nadie quiera cambiarlo.
La sociedad está intentando salvarse del naufragio a través de la economía sumergida y de las ayudas públicas. En un mundo imaginario de perfectas matemáticas donde haya un 20% de parados y hubiera un 20% de PIB en negro, hablaríamos de pleno empleo. España es así. A pesar de que para mucha gente es la forma de subsistir no es la manera de crear riqueza ni redistribuirla. Aquí empiezan los problemas: a todos nos gusta ir por carreteras bien conservadas; exigimos tener muchos médicos en los hospitales para que nos atiendan pronto y pensamos que el transporte público debería ser gratuito.

Eso sí, en caso de estar en paro y que no “me den” trabajo, tengo derecho a reclamarle papá estado una ayuda, subsidio o subvención para mantenerme.

El dinero de las ayudas sale de los impuestos recaudados. Me pregunto quién va a pagar todo eso porque a este paso vamos a ser cuatro los que mantengamos el sistema.

Vale que “cuando estábamos en la Champions League” de la economía nadie quisiera ver el desastre, pero es que ahora no queda más remedio que cambiar. Dejar que el mercado sea el que reajuste la economía va a ser cruel por parte de quien manda. Probablemente sea inevitable; y más ahora que ya no somos el hermano pobre de la UE y los fondos comunitarios se van hacia otro lado.

Con subsidios no se reactiva una sociedad que se aferra a las ayudas como única forma de subsistencia. El cambio empieza en cambiar mentalidades y ayudar a quien puede ayudar a crear puestos de trabajo. Y todo lo que no pase por ahí será pan para hoy y hambre para mañana.

Y aunque es cierto que hay mucha gente que vive de las ayudas (y hay quien abusa del sistema) lo que muchas personas quieren es trabajo y no limosnas.

¿Cómo cambiar el modelo económico? Cambiando mentalidades y facilitando la creación de empresas (reduciendo burocracia, tiempo de tramitación, pago de impuestos al cobrar facturas…). Esto último es relativamente sencillo cambiando la legislación y creando oficinas y servicios para apoyar a los emprendedores, sean autónomos o sociedades. Cambiar mentalidades es mucho más difícil, pero es necesario hacer ese esfuerzo para salir del pozo. En este país aquella persona que monta un negocio que fracasa es considerado un perdedor que difícilmente puede reponerse. En otros países estas personas están consideradas como gente inquieta, aventurera y atrevida, adjetivos alejados del sustantivo fracaso.
Empecemos a enseñar a las futuras generaciones a pensar por sí mismas y a no creerse todo lo que les cuenten.


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